En ocasiones es mejor no caminar solo

El ser humano viene preparado a este mundo para superar por sí mismo, de manera autónoma, o con el apoyo de las personas más allegadas, la mayoría de problemas que le sobrevienen, está en nuestra condición biológica. Sin embargo, en determinados momentos de nuestra vida, estas adversidades nos superan y se precisa de un apoyo especializado que nos provea de soporte para solventar y/o sobrellevar estos episodios y sus consecuencias.

Desde nuestra forma de concebir la Terapia planteamos un modelo de intervención y apoyo para todas aquellas personas que requieran asistencia psicológica, neuropsicológica y/o social, desde un marco en el que se estimula el empoderamiento y la independencia de la persona.

Ofrecemos soluciones adaptadas a tus problemas. Estamos para ayudarte.

 

EL OSO QUE APRENDIÓ A PEDIR AYUDA

En un hermoso bosque habitaba un gran oso fuerte y valiente. El oso era capaz de mover enormes árboles con su gran poderío. Así, aprovechaba su fuerza para hacer caer de los árboles los panales más grandes que albergaban la más deliciosa miel del bosque. Miel para el disfrute del propio oso y del resto de animales que convivían con éste.

Un día, el oso apretó sus zarpas contra un árbol con todas sus fuerzas, lo tambaleó bruscamente, para hacer caer de él un apetitoso panal. Entonces, el árbol se rompió y cayó sobre el oso, hiriendo su espalda.

Los animalitos del bosque se encontraron con el oso y le preguntaron:

Querido amigo oso, ¿has derribado algún delicioso panal que podamos degustar?

El oso respondió gruñendo y ocultando su dolor:

– ¡Dejadme en paz!

Sus amiguitos del bosque lo miraron asustados y huyeron.

Así pasaron los días y el oso continuó con su enfado y dolor, rascándose la espalda contra los árboles y haciéndose su herida más grande.

Un día, cuando el oso ya no podía mantenerse en pie del dolor y todos los animales del bosque le temían y no se acercaban a él, el diminuto y curioso mono, desde lo alto de una rama de un gran árbol, no pudo resistirse y más le dijo:

Oso, te he visto rascarte salvajemente en todos los árboles del bosque, ¿Por qué nunca nos has pedido ayudado a cualquiera de los que aquí vivimos, cuando tú siempre nos regalabas la deliciosa miel que conseguías?

El oso respondió:

– Soy el animal más fuerte del bosque, no necesito ayuda, es lo que todos esperan de mí.

El mono respondió:

-Yo, que te miro desde lo alto de los árboles, he podido observar cómo te clavas más y más las astillas que tienes en el lomo cada vez que te rascas tú solo. Si me lo permites, puedo ayudarte a quitar las astillas de tu espalda para que tus heridas sanen y vuelvas a ser un gran y fuerte oso.

-Ya no puedo dar ni un paso más, el dolor no me permite tan siquiera en pensar en mi orgullo, haz lo que quieras- respondió el oso.

El mono ni corto ni perezoso, bajó del árbol y subió a lomos del oso, donde pacientemente fui quitando cada astilla clavada en el lomo de éste.

Cuando terminó el mono le dijo al oso:

– Ahora debes descansar, acuéstate y cuando te levantes te sentirás mucho mejor.

Y así sucedió el lomo del oso fue sanando día a día hasta que quedó completamente curado.

El oso nunca olvidó aquella gran enseñanza del pequeño mono, hasta el animal más fuerte del bosque debe pedir ayuda cuando es necesario.

 

julio 22, 2018

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