Una mente sin estrés no es una mente

 

El cuerpo humano podría decirse que es una máquina de ingeniera perfecta fruto de la creación de un dios, de la naturaleza, de la evolución o del azar ¿Quién sabe? El hecho, es que está preparado para hacer frente, casi de manera perfecta, a un entorno cargado de factores enormemente adversos para nuestra salud biológica. Quizás el ejemplo por excelencia de ello sea el sistema inmunitario, el cual trabaja en una lucha sin descanso contra miles de microorganismos patógenos que invaden el cuerpo humano y que son causantes de numerosas infecciones. El sistema inmune nos permite superar infecciones, a la vez que aprende de sus batallas constantes con los agentes que las causan y, en definitiva, se fortalece para garantizar la adaptación al medio por parte del individuo. Sin organismos invasores, ni otros acontecimientos que requieran de la participación de nuestro sistema inmunitario, éste se debilitaría más y más hasta perder la capacidad de realizar su función, de igual forma que todos los sistemas físicos de cualquier animal, incluido el hombre, sin un ambiente estimulante, se irían deteriorando hasta atrofiarse por completo.

Recuerdo una historia de un niño de diez años que dijo a su madre: “mamá…. ¿Si nunca muevo las rodillas me durarán toda la vida?”, pensando como aquel chico que guarda unos zapatos muy bonitos en un cajón para que nunca se le estropeen. Me resultó paradójico que la mejor forma de conservar una rodilla sana fuera precisamente moverla y ejercitarla diariamente de manera responsable. Los sistemas corporales, a diferencia de los bienes materiales, se cuidan mediante el desempeño saludable de su función, no a través de la inactividad…. Con la mente, con el espíritu, sucede exactamente lo mismo.

Pero ¿Qué es la mente? Podemos definir la “mente” como un cuerpo abstracto o representación compleja que da como resultado nuestra propia “identidad”, nuestro “self”, nuestro “yo”. Y a partir de este “yo” surgen patrones de actuación (formas características de percibir(nos), razonar-pensar(nos), sentir(nos) y comportarnos), fruto de las numerosas experiencias que hemos tenido a lo largo de nuestra vida en conjunción con nuestra constitución genética: naturaleza-crianza o nature-nurture nos esculpen durante toda la vida.

De este modo, la mente, como el sistema inmune, está preparada para lidiar con numerosos factores del entorno que podrían repercutir potencialmente sobre ella y que son, en este caso, de carácter no físico, se constituyen como factores psicosociales estresantes o, simplemente, estresores psicosociales. Es más, el tema va más allá, la mente no solo está preparada para hacer frente a estos estresores, sino que necesita de ellos para poder existir y, así, poder continuar creciendo y desarrollándose, como si de otro sistema inmune se tratase. La mente, sin estrés, no es mente, ni es nada, no ejercita su función y, como tal, se “atrofia”, se vuelve disfuncional.

Es decir, el deseo de querer vivir sin estrés, es el deseo de querer vivir sin el desarrollo de la mente. Otro tema muy distinto es hablar acerca de la actitud o predisposición idiosincrásica que tiene la mente de cada individuo para lidiar con los estresores del día a día. Esa actitud o predisposición mental puede volverse también disfuncional y, en consecuencia, daña la salud biopsicosocial del individuo. Y es aquí cuando el lector, como si de un aventurero se tratase, debería tomar la decisión de dar un salto hacia una de las dos siguientes entradas al blog.

octubre 11, 2018

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