¿Cuándo deberíamos ir al psicólogo?

 

Probablemente te hayas encontrado (o te encuentres en este momento) ante una situación en la que se te ha presentado la duda de si un psicólogo te ayudaría a superar o sobrellevar un problema o situación determinada. Y es que aún en pleno siglo XXI ir al psicólogo sigue representando un dilema que se encuentra teñido de tabúes, mitos y concepciones erróneas acerca de lo que este profesional puede o no puede hacer por ti.

Para dar respuesta a la pregunta ¿Cuándo debería ir al psicólogo? Conviene comenzar especificando brevemente qué es realmente un psicólogo, solo brevemente. Cuando la gente dice “voy a ir al psicólogo”, se suele referir en la inmensa mayoría de los casos a acudir a un psicólogo que trabaja específicamente dentro del área de la psicología clínica y de la salud (entre las numerosas áreas de especialización que existen dentro de la psicología). Desde esta visión, el psicólogo es un profesional que ha realizado el grado o licenciatura oficial de psicología en una universidad y que puede, además, tener (o no) otra formación complementaria de posgrado universitario o de cualquier otro tipo, además de experiencia determinada en el trato con diferentes tipos de pacientes que presentan problemas que afectan a su salud psicológica, social y/o física. De este modo, el psicólogo es un profesional que, partiendo desde un enfoque científico, evalúa e interviene a las personas para producir cambios positivos en su mente y en su comportamiento… Contrariamente a lo que se suele pensar, los psicólogos no “tratamos trastornos mentales”, sino que abordamos comportamientos disfuncionales: ansiedad disfuncional, estados de ánimo deprimido, hiperactividad, agresividad, violencia, celos patológicos, deterioro de la autoestima, insomnio, problemas de pareja, problemas de atención, problemas de memoria, etc…

Definida de manera breve la figura y función del “psicólogo”, convendría especificar qué es un “problema psicológico” o “una alteración de la mente y el comportamiento”. Y podríamos definir a todos estos aspectos como aquellos acontecimientos que repercuten negativamente sobre la salud y el bienestar del individuo y sobre su desempeño en el entorno, además de poder alterar también el bienestar de las personas que le rodean. De este modo, ser algo celoso, ser algo tímido, ser algo introvertido, ser algo molestoso con los demás, ser algo egoísta o ser algo “cabezota” para cambiar de idea, de ninguna manera son motivos para acudir al psicólogo, todos estos aspectos no son, nada más y nada menos, que rasgos típicos de las diferencias y la individualidad humana que dan riqueza a nuestra especie.

Cuando en el día a día alguien me pregunta ¿Cuándo se debería acudir al psicólogo? Le respondo con un ejercicio imaginativo y metafórico:

Imaginemos un jardinero que ama apasionadamente cuidar día a día de las flores de su jardín, para verlas crecer y prosperar. Disfruta día a día de regarlas, podarlas y, sencillamente, observarlas desarrollarse. Ahora, por favor, cierra los ojos y siente que tú eres ese jardinero y el jardín, desde la primera a la última flor, es tu vida en todas sus dimensiones (pareja, familia, amigos, trabajo, etc…). Pregúntate cómo estás como jardinero. ¿Estas feliz? ¿Estás triste? Si estás triste, decaído, ansioso, insatisfecho, frustrado, arrepentido, culpable… ¿Son estos sentimientos eventos pasajeros que te abandonarían con unos días de descansos o ciertos cambios a tu alcance, tal como haría cualquier buen jardinero que quisiera cuidarse a sí mismo para poder seguir disfrutando de lo que más ama? ¿O más bien son emociones y sentimientos que pesan en tu espalda desde hace ya tiempo y que te impiden disfrutar plenamente de tu jardín tal como lo hacías antes? ¿O de cuidar de tus plantas como crees que podrías hacerlo si éstos no estuviesen? ¿Qué tienes en la mente de manera constante cuando en realidad solo deberías estar observando las flores?

Este pequeño viaje metafórico del jardinero y el jardín es la mejor forma en la que una persona puede responder(se) acerca de cuándo debería acudir al psicólogo. Una travesía que nos revela de manera sencilla, aunque clara, si esos pensamientos, comportamientos o formas de ser que nos preocupan o inquietan requieren o no de la ayuda de un profesional especializado.