¿Cuándo no deberíamos ir al psicólogo?

Quizás esto afecte negativamente a mi bolsillo tratándose de mi profesión, pero debo confesarte un secreto que tú quizás ya conozcas y que ni siquiera necesitas volver a leerlo, no siempre debes ir al psicólogo cuando tengas un problema o te encuentres ante una adversidad.

El ser humano viene al mundo totalmente capacitado para hacer frente satisfactoriamente a la mayoría de problemas que pueden sobrevenirle en esta vida por el simple hecho de estar vivo: pérdida de seres queridos, rupturas sentimentales, problemas con la pareja o con los hijos, El ser humano viene al mundo totalmente capacitado para hacer frente satisfactoriamente a la mayoría de problemas que pueden sobrevenirle en esta vida por el simple hecho de estar vivo: pérdida de seres queridos, rupturas sentimentales, problemas con la pareja o con los hijos, desesperación tras la pérdida de un puesto de trabajo y un largo etcétera. La mayoría de las personas tienen recursos para responder a las demandas que nos plantean todas estas situaciones y, de hecho, este ejercicio nos hace salir más fuertes, más sabios, más preparados para desenvolvernos en nuestro entorno, esto ha dado pie a la creación de un concepto muy pintoresco y con muy buen marketing denominado: resiliencia. Y hay quien podría añadir a todo ello… ¿Pero si tenemos siempre a un psicólogo que nos ayude en todo eso, mucho mejor no? La respuesta es, rotundamente, no.desesperación tras la pérdida de un puesto de trabajo y un largo etcétera. La mayoría de las personas tienen recursos para responder a las demandas que nos plantean todas estas situaciones y, de hecho, este ejercicio nos hace salir más fuertes, más sabios, más preparados para desenvolvernos en nuestro entorno, esto ha dado pie a la creación de un concepto muy pintoresco y con muy buen marketing denominado: resiliencia. Y hay quien podría añadir a todo ello… ¿Pero si tenemos siempre a un psicólogo que nos ayude en todo eso, mucho mejor no? La respuesta es, rotundamente, no.

Desde mediados del siglo XX se ha ido desarrollado la tendencia a pensar que siempre es positivo tener a un psicólogo a nuestra disposición en todas las circunstancias, ahora en la vertiente más moderna, quizás el psicólogo ha sido sustituido por el “coach”, que tiende a hacer el mismo papel que un psicólogo motivacional, pero sin que su consultante tema verse bajo la nube negra del estigma social que supone “sentirse perturbado” por ir a consultar a un profesional de la salud mental y careciendo además este profesional de cualquier formación oficial reglada que lo haya formado para tratar aspectos referentes a la mente y el comportamiento (con los peligros que ello conlleva para la salud de las personas). Sin embargo, ni hace falta un psicólogo siempre, ni hace falta un coach, un gurú o un maestro espiritual ante toda adversidad que nos sobrevenga para poder afrontarla, lo que realmente hace falta es desarrollar la capacidad de discernir entre aquellas situaciones o estados que representan para el individuo un déficit de recursos ante determinadas demandas o exigencias que plantea el entorno; así como aquellos estados que supongan una ruptura o fractura evidente del funcionamiento del individuo tal como era anteriormente, cuando dicho individuo aún podía experimentar satisfacción vital y bienestar. En este ejercicio de discernimiento, el propio individuo, sus familiares y amigos son los principales actores y responsables. Y hay quien podría añadir en este punto… ¡No todo el mundo tiene esta capacidad de discernimiento y puede que nadie que le rodee lo tenga! Es cierto, entonces, sin más contemplaciones, acuda usted al psicólogo porque este es un problema psicosocial relevante.

Tener siempre a un psicólogo a tu disposición no es siempre lo idóneo, puesto que, a pesar de tratar con un excelente profesional, este hecho tiene dos costes de vital trascendencia para la salud y el bienestar de los individuos a largo plazo:

  • Dependencia de una tercera persona para resolver los conflictos personales.
  • Deterioro del sentimiento de autoeficacia personal.

Para entender el primer aspecto, podemos partir de una de las reivindicaciones profesionales más fervientes que se mueven en el campo de la psicología clínica ¡Los psicofármacos (fármacos para tratar problemas del comportamiento) generan dependencia! Y es que nadie duda hoy que los tratamientos psiquiátricos generan dependencia, como tampoco se duda de que si no son acompañados simultáneamente de un tratamiento psicológico no “rehabilitan” problema alguno, puesto que una vez que son retirados, la persona vuelve a manifestar los mismos síntomas con igual o mayor intensidad, son un parche, eso sí, en ocasiones, un parche totalmente necesario y del que no se puede prescindir.

Pero… ¿Puede generar dependencia acudir a un psicólogo? Si entendemos la dependencia como “aquella situación mental en la que una persona siente la necesidad imperiosa de recibir un estímulo para poder huir de una situación de tensión física y emocional y poder experimentar bienestar y satisfacción para continuar con la vida”, la respuesta es, , se puede, y frecuentemente ocurre, más de lo que podamos llegar a imaginar.

Entre las estrategias fundamentales del psicólogo, cuando es realmente un buen profesional, debe estar siempre la de fomentar la autonomía del paciente y evitar toda relación de dependencia, como reza el artículo 29 del Código Deontológico del Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos de Espala: “Del mismo modo, no se prestará a situaciones confusas en las que su papel y función sean equívocos o ambiguos.” Aplicándolo al caso, el psicólogo no se constituirá como un acompañante permanente de uno de sus usuarios a cambio de unos honorarios, porque eso no es, de ninguna manera, ser un psicólogo, sino algo a lo que ni siquiera se le ha puesto nombre por el momento, quizás podríamos llamarlo: “psico-scort” o “scort de la mente”. Y entonces… ¿Cómo identificar cuando un paciente genera dependencia de su terapeuta? Ante dos factores: alargamiento de la psicoterapia en el tiempo (para la mayoría de problemas psicológicos que vienen a una consulta, obviando los trastornos mentales graves, los trastornos de personalidad y las enfermedades crónicas, no se debería superar en la mayoría de los casos una cantidad aproximada de 20 sesiones que, en un tratamiento de una sesión semanal, suponen 5 meses de tratamiento) y desarrollo de la necesidad imperiosa de la persona de que el psicólogo dé respuesta a todos los acontecimientos de su vida diaria más allá del motivo de consulta inicial.

 

El segundo aspecto que representa un coste de vital trascendencia para la salud y el bienestar de los individuos que pueden derivar del hecho de tener siempre a un psicólogo a tu disposición ante cualquier circunstancia es, nada más y nada menos, que el “deterioro del sentimiento de autoeficacia personal”, es decir, el deterioro de la percepción que tiene el individuo de que es capaz, por sí mismo, con sus propias capacidades y recursos, de hacer frente a los problemas que le sobrevienen en la vida diaria.  Y es que tener un psico-scort “estropea” tu percepción de que estas capacitado para hacer frente a la adversidad y hacer lo que se debe hacer ante ella, crecer y desarrollarnos como seres autónomos.

En este punto, quizás te encuentres algo confuso, y te preguntes…. ¿Debo o no debo ir al psicólogo por el problema que me preocupa? Con toda honestidad te preguntaría… ¿Tienes capacidad de discernir que lo que te sucede, más allá de provocarte un leve malestar, está deteriorando seriamente tu capacidad de sentir, trabajar, amar, comer, relacionarte, dormir, hacer el amor y/o ser feliz? Si no la tienes, acude al psicólogo…. Pero si la tienes… ¿Qué te dice esta capacidad de discernimiento? ¿Es solo un leve malestar como aquel que te han generado otras situaciones a lo largo de tu vida que has superado satisfactoriamente o es una situación insufrible que te está privando de experimentar bienestar y salud en los diferentes ámbitos de tu vida? Si te decantas por la segunda opción, ve al psicólogo, si es la primera opción, ponte a prueba, trata en primer término de ser autónomo y disfrutar toda esa adversidad que se te presenta, para poder florecer en ella, es una gran maestra, ningún mar en calma hace experto a un marinero.

Pero si aun después de todos estos párrafos te encuentras confuso, quizás ha llegado la hora de que visites la siguiente entrada a este blog: ¿Cuándo deberíamos ir al psicólogo?